Ella se mostraba con ganas, tenía la mañana por delante y hacía un día radiante.
Salió a dar un paseo, sin prisas, contemplando los árboles y pájaros con los que se iba cruzando.
La ciudad estaba casi vacía, a esas horas los niños estaban en el colegio y los adultos cumpliendo con su jornada laboral.
Las pequeñas tiendas que estaban abiertas, no estaban muy concurridas e invitaban a echarles un vistazo.
Decidió mirar que encontraba. No tenía pensado comprar nada, pero igual, algo le llamaba la atención.
Y sí, lo encontró, un curioso libro de tapas moradas. Sin dibujos, solo ponía: conjuros para personas con ganas de convertirse en brujas.
Tenía un precio casi regalado, así que lo compró.
Volvió a casa para comenzar a leerlo, lo que no esperaba es que lo que parecía un simple libro, iba a ser el fin de la persona que era.
El libro tenía letras grandes con mensajes claros.
En la primera página decía:
Si quieres cambiar tu vida y no sabes por dónde empezar, convertirte en bruja te ayudará.
Se recomienda leer un capítulo cada día. La energía que posee esta lectura, podría volverse en tu contra si no le concedes el espacio que necesita.
¿Su fallo?, no hacerle caso a esta única instrucción.
Comenzó a leer frase tras frase, párrafo tras párrafo y terminó en un día los cuatro primeros capítulos.
En ellos, resumiendo (y como tampoco queremos que a vosotros os caiga la maldición por leerlos de golpe) venía a contar conjuros para tener mejor suerte, ser mejor persona, saber escuchar y tener más empatía.
Es cierto que los leyó con agrado, pero no veía como todo eso podría ayudarla a cambiar su vida.
Quizá debería leerlo entero, sí, eso haría.
Siguió leyendo e iba preguntándose, "¿y en qué va a cambiar mi vida haciendo un conjuro como éste?"
El conjuro, en sí, formaba parte ya de la mitad del libro.
En él se describía como lograr que las personas a tu alrededor se sintiesen en armonía.
Lo que terminó por hacerla pensar que tal libro no era si no una tremenda tontería.
Para empezar, el título le invitaba a ser bruja pero lo que le proponía eran solo buenas acciones.
¿No se supone que las brujas son malas?
"Además, yo quiero que me cambie la vida a mejor. A mí. La gente no me importa en absoluto."
Aún así, lo terminó.
En su cabeza resonaron aquella noche todas las palabras aprendidas.
Cuando despertó, el cambio ya había surtido efecto.
Ya no salió a pasear admirando el paisaje, ya no le importaba si un pájaro se cruzaba en su camino o no.
Quería más en su vida, ese libro y las tonterías que había leído no habían servido para nada.
Ya se encargaría ella de cambiar a su manera.
Vamos que si lo haría, ¿cómo? Haría todo lo contrario de lo que había leído.
Esa sarta de idioteces le cambiaban la vida a los demás. No a ella.
Aprendió a ser egoísta, a usar a la gente para su propio interés, ¿empatía? Se reía de la empatía, su ombligo tenía mejores vistas. Es más, ella era mucho mejor, más lista, más simpática y todo lo más de lo más.
Cada día se dedicaba más a boicotear lo que el curioso libro le había mostrado.
Cada conjuro era su reto.
En uno decía como se podía entender la tristeza que había en el alma de otra persona. Ella la usaba para poder manipularla en su propio beneficio.
Había otro, uno de conseguir reprimir los impulsos durante un enfado. Era justo ese el que más le había enfadado mientras lo leía (ya avisaba el mismo libro de su energía). Ese le sirvió para modularlo de tal manera que no daba la sensación de enfado, si no de decepcionada. Con lo cual volvía a convertirse en víctima del enfado y podía usar su ventaja.
Y sí, poco a poco le cambió la vida.
¿A mejor? No lo creo...
Consiguió su propósito, transformarse en una verdadera bruja.

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