Tu mente te dice que no puedes.
Te engaña haciéndote creer que no merece la pena intentarlo. Si no va a resultar.
Y, aunque parece fácil llevarle la contraria, no lo es.
La idea se aferra a ti.
Traspasa tu mente y te hace sentir molestar físico.
Molestias en la tripa, un nudo en el estómago, náuseas que (a veces) te hacen vomitar.
Ir al baño más de lo normal...
Y así, con ese molestar, te cuesta aún más concentrarte. Hacer cualquier tarea por simple que sea. Entonces, ¿cómo vas a poder hacer algo más difícil? Se refuerza ese no podrás.
Un círculo de engaño que parece tal real.
Que te agota, te mantiene angustiada, te crea inseguridad...
Y si te "relajas" porque crees tenerlo controlado, empeora.
La ansiedad no se puede controlar, hay que gestionarla, atravesarla, decirla: muy bien bonita, pero no me da la gana. Sí puedo. Yo mando en mí.
Y ahí, quizá ahí, vuelves a cree en ti.
Te engaña haciéndote creer que no merece la pena intentarlo. Si no va a resultar.
Y, aunque parece fácil llevarle la contraria, no lo es.
La idea se aferra a ti.
Traspasa tu mente y te hace sentir molestar físico.
Molestias en la tripa, un nudo en el estómago, náuseas que (a veces) te hacen vomitar.
Ir al baño más de lo normal...
Y así, con ese molestar, te cuesta aún más concentrarte. Hacer cualquier tarea por simple que sea. Entonces, ¿cómo vas a poder hacer algo más difícil? Se refuerza ese no podrás.
Un círculo de engaño que parece tal real.
Que te agota, te mantiene angustiada, te crea inseguridad...
Y si te "relajas" porque crees tenerlo controlado, empeora.
La ansiedad no se puede controlar, hay que gestionarla, atravesarla, decirla: muy bien bonita, pero no me da la gana. Sí puedo. Yo mando en mí.
Y ahí, quizá ahí, vuelves a cree en ti.

No hay comentarios:
Publicar un comentario